Premio Retrospectiva


Premio Retrospectiva

FERNANDO LEÓN DE ARANOA

Biografía

El año que se cumplen 23 desde su primera comparecencia tras una cámara, para rodar en Bosnia un documental atento a las víctimas de la más cruel y duradera de las guerras civiles europeas de la segunda mitad del siglo XX, la de los Balcanes, Fernando León de Aranoa puede reivindicar, con legítimo orgullo, su papel destacado en la renovación del cine español surgido justamente en la última década del siglo pasado. Renovación no solo temática, sino también de compromiso personal con la herramienta que en cada momento ha elegido para contar sus historias: el guion de encargo, primero; sus películas de ficción, siempre alternadas con el documental -y en eso, es uno de los pocos de su generación que lo ha hecho-; más tarde y finalmente, también la literatura. Ahí está esa hermosa, inclasificable, colección de textos que responde por Aquí yacen dragones. Y no solo esa…
Cineasta popular en la mejor acepción del término, jamás ha condescendido, no obstante, a modificar la concepción de su cine para ponerlo bien en la dimensión abstrusamente autoral que le reclama alguna crítica, bien en una vía convencionalmente comercial. Sin renunciar jamás a que sus criaturas se convirtieran en instancias para reflexionar sobre supuestas verdades universales, como la vida de la más perdurable de las instituciones humanas (Familia), el despertar a la edad adulta en la periferia de cualquier ciudad industrial de hoy mismo (Barrio), la dura existencia de un parado que tiene que reinventarse cada día de su vida (Los lunes al sol) o lo que ocurre cuando una guerra es, y ya no es, al mismo tiempo, el conflicto armado que ha sido (Un día perfecto), el cine de León de Aranoa ha acabado, en estas más de dos décadas de carrera, por ser un perfecto termómetro para, sin olvidar que siempre habla de seres humanos, tomar la temperatura de una sociedad, la nuestra, cualquiera de nuestro entorno, en sus avatares, frustraciones, ilusiones y quimeras.
El Festival de Málaga 2017 rinde en esta ocasión un más que merecido homenaje a uno de los más personales, poéticos, sólidos narradores del cine de nuestro tiempo. A alguien que, sin olvidar de dónde viene, pretende que su cine sea de muy amplio alcance. A alguien a quien el compromiso no le produce ningún rubor, como tampoco el dejar constancia, pese a quien pese, de lo que piensa como creador, pero también como ciudadano. Y ojalá que así siga siendo, venturosamente, por muchos años: lo necesitamos.

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