La Sección Oficial de Documentales proyecta cuatro películas sobre la gentrificación, el amor y la añoranza
El Centro Cultural María Victoria Atencia acogió el jueves 12 de marzo la penúltima jornada de los proyecciones de no ficción
La Sección Oficial Documentales del 29 Festival de Málaga presentó en su penúltima jornada los cortometrajes O mapa em que estão os meus pés (El mapa donde están mis pies) y La cueva de Conan; y los largometrajes 3000km en bicicleta y Amora (Mora).
En el primer pase del día con la proyección de O mapa em que estão os meus pés (El mapa donde están mis pies), el director Luciano Pedro Jr. cuenta la historia de Sebastián, un hombre que tras perder a su esposa lo abandona todo y desaparece durante seis días sin dejar rastro. Atormentado por el dolor y la añoranza, emprende un solitario viaje a pie, atravesando remotos paisajes tropicales, buscando cumplir su último deseo: que su corazón sea enterrado en la tierra donde nació su amor.
Director y guionista brasileño, Luciano Pedro Jr. ha explicado a los espectadores durante el encuentro en Málaga sus motivaciones para rodar el cortometraje: “Yo crecí conociendo esta gran historia de mi familia que fue la desaparición de mi bisabuelo. Él desapareció por seis días y, cuando fue rescatado, no logramos saber qué le había pasado ni dónde había estado. Yo tenía una necesidad de crear una historia tomando este momento como punto de partida porque entendía que lo que él había hecho era una prueba de amor y añoranza enorme por mi bisabuela.”
A continuación se proyectó el largometraje 3000km en bicicleta del director y guionista argentino Ivan Vescovo, un gran fan de las bicicletas que tiene en desarrollo una película de terror y una de SCI-FI sobre bicicletas.
En esta película nos acercamos a la trayectoria de Iñaki Mazza, campeón olímpico de BMX que se retira a sus veinte años en crisis con el mundo del deporte y consigo mismo. Su vida da un giro cuando su compañera Abyss empieza a enviarle mensajes de amor en forma de poemas y le motiva a subirse de nuevo a su bicicleta y emprender un viaje a través de la Patagonia Argentina para reencontrarse con ella. En una búsqueda sobre su propia identidad, explora precisamente este proceso de crisis y búsqueda de libertad fuera de los podios.
“Yo ya estaba sumergiéndome en el mundo del filmico, empezaba a grabar en Super 8, soñaba hacer cine y un día un amigo me dice ‘tengo un amigo Ivan que es director de cine es biker y te quiere conocer’. No me lo podía creer”, se sinceraba Mazza que acudió a la presentación del largometraje.
Ya en la última sesión de la jornada el director andaluz Jorge Castrillo –en codirección con Artur Pol Camprubí– presentó su cortometraje La cueva de Conan basado en la historia de las cuevas que sirvieron de refugio para el rodaje de la película Conan el Bárbaro en Almería. Las cuevas que forman parte de las Canteras Monumentales de Almería, catalogadas como Bien de Interés Cultural (BIC), estuvieron en el centro de la noticia cuando un conocido gigante del negocio de muebles se instaló en la zona con la idea de incorporar el monumento.
“El documental nace un poco del azar. Estábamos en Almería haciendo un corto sobre los invernaderos y nos enteramos de que existía esta cueva. El rodaje del corto se acabó, nos fuimos de allí pero queríamos volver para conocer mejor la historia de la cueva e indagar sobre el futuro de este sitio donde se rodó el clásico de los 80”, declaraba Jorge Castrillo.
También hablando del futuro de espacios protegidos, la directora brasileña Ana Petta presentó su largometraje Amora (Mora), un diario donde la realizadora y su familia retratan los años vividos en una pequeña villa situada en el centro de la megalópolis de São Paulo, uno de los núcleos urbanos más poblados de América.
A través de la mirada imaginativa de Pedro, su hijo de 4 años, Ana Petta retrata la vida de la familia en esta pequeña villa, llena de árboles, vecinos y juegos y que será demolida para construir un edificio. Desde una perspectiva infantil, la película reflexiona sobre la infancia, la naturaleza y las transformaciones de la ciudad marcada por la especulación inmobiliaria y la destrucción de la memoria.
“Pedro tenía 4 años y no hacía nada de lo que yo decía. Él creía que era un juego así que tuve que dejar que saliera todo de forma espontánea. Ahora cuando veo la película percibo que Pedro estaba preparando su luto, con la imaginación. Creo que toda la familia se estaba preparando para despedirse de la villa pero yo siempre pensé que ellos deberían estar juntos. Y luchar juntos. Yo quería que ellos aprendiesen a luchar y entendiesen el poder de la lucha aunque no ganáramos”, puntualizaba la directora.
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